Marqués de Vizhoja: una copa llena de historia y tradición familiar

Comparte

 

José Luis Cruz V. | Ciudad de México
Una cena en torno al vino reunió a sommeliers y apasionados de la enología en un recorrido por la historia, identidad y etiquetas de una bodega familiar de Galicia, fundada en 1968.

La historia de una bodega también se cuenta a través de sus aromas, sus etiquetas y las anécdotas que sobreviven al paso de las generaciones. Así se vivió una velada hace unas semanas dedicada a las etiquetas de Marqués de Vizhoja, que tuvo como invitado especial a Jorge Peláez; copropietario de esta bodega familiar española.

Durante la cena, Jorge compartió los orígenes de la bodega, fundada por su padre, así como algunos de los momentos que han marcado su evolución y consolidación en el sector vinícola, no solo local, sino internacional. Entre algunos de los relatos, destacó la transformación de la identidad visual, particularmente el rediseño de sus botellas, en las que el rodaballo se convirtió en un elemento emblemático, como referencia a la región de Vigo, en España. También relató la curiosa historia que dio origen al nombre de Vizhoja, una de las etiquetas más representativas de la casa.

La experiencia gastronómica estuvo acompañada por tres de sus vinos, seleccionados para recorrer diferentes perfiles aromáticos y posibilidades de maridaje que fueron previamente seleccionados por Cristina Bautista, sommelier corporativa de Marinter. La primera copa correspondió a  la etiqueta Marqués de Vizhoja, acompañado de una tostada de atún, logrando una que combinación que permitió apreciar la frescura y los aromas característicos de las variedades Albariño y Treixadura, protagonistas de este vino.

Posteriormente, Señor da Folla Verde encontró su expresión junto a una pasta de fetuccini con frutos del mar, haciendo que la cremosidad de la pasta y la combinación de ingredientes aportaron un equilibrio de texturas que acompañó las características del vino, en el que se pueden destacar los olores con predominio de fruta madura, notas de fruta blanca y florales.

El cierre estuvo a cargo de Torre La Moreira, servido junto a un mousse y ate de guayaba, una propuesta que incorporó notas dulces al final del recorrido y puso el broche de oro a la experiencia, ya que los aromas con intensidad fueron predominantes, al identificar notas de fruta madura, fruta blanca y florales.

Más allá de la cata de vinos, la noche permitió conocer el valor de una historia familiar que ha construido su identidad a lo largo de varias décadas, en donde la tradición, evolución y personalidad se encuentran en cada etiqueta.

El encuentro fue posible gracias a la visita de Jorge Peláez a México como parte de una gira de trabajo; a la sommelier Cristina Bautista y a Marinter, por hacer realidad esta experiencia.

 

Comparte