La derrota de Javier Milei en Buenos Aires: el límite de la política del shock

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La derrota de Javier Milei en Buenos Aires:

el límite de la política del shock

 

Dafnys Guzman| Buenos Aires, septiembre de 2025. 

Lo que parecía imposible hace un año se concretó este domingo: Javier Milei, el presidente que irrumpió con motosierra en mano prometiendo “dinamitar la casta” y transformar de raíz la economía argentina, sufrió una dura derrota en la provincia de Buenos Aires. El bastión electoral más grande del país volvió a ser del peronismo.

La imagen es poderosa: el mismo electorado que en 2023 se dejó seducir por el discurso antisistema, hoy le da la espalda en las urnas. ¿Por qué? La respuesta no es simple, pero se enmarca en una mezcla de crisis económica, desgaste político y una sociedad que, más allá de la bronca, exige estabilidad y certezas.

1. El costo humano del ajuste

Las políticas de Milei lograron lo que parecía impensable: contener la inflación crónica que asfixiaba a Argentina. Pero el precio fue altísimo. Recortes masivos en educación, salud y subsidios sociales dejaron a miles de familias en la intemperie económica. El “orden fiscal” se tradujo en desempleo, pérdida de poder adquisitivo y un sentimiento de abandono que, en Buenos Aires, se hizo carne en el voto.

La motosierra puede impresionar en campaña, pero cuando toca la mesa de cada hogar, genera rechazo.

2. Escándalos y contradicciones

A la crisis económica se sumaron los escándalos. Denuncias de corrupción vinculadas al círculo íntimo de Milei, incluida su hermana Karina, golpearon la narrativa del “outsider puro”. El gobierno que prometía limpiar la política terminó mostrando vicios de la misma “casta” a la que criticaba.

El efecto fue devastador: en vez de renovar la esperanza, reforzó la desconfianza.

3. La resiliencia del peronismo

El peronismo, tantas veces dado por muerto, volvió a demostrar su capacidad camaleónica. Con Axel Kicillof como figura visible y la sombra estratégica de Cristina Fernández de Kirchner, logró reagrupar fuerzas y presentarse como la opción que “defiende a los más vulnerables”.

En Buenos Aires, tierra de sindicatos, fábricas y barrios populares, ese mensaje resonó más fuerte que las promesas abstractas del liberalismo radical.

4. Gobernabilidad en juego

La derrota bonaerense no es solo simbólica. Anticipa un Congreso hostil y obliga a Milei a repensar alianzas si quiere avanzar con su agenda. El sueño de gobernar por decreto choca con los límites del constitucionalismo argentino: división de poderes, controles judiciales y la necesidad de consensos.

Aquí está la paradoja: cuanto más intenta concentrar poder, más fuerte se vuelve la resistencia democrática.

5. Lecciones para América Latina

Lo ocurrido en Argentina resuena en toda la región. Milei encarnaba un experimento extremo de liberalismo político y económico. Su derrota muestra que en América Latina los proyectos de “shock” difícilmente prosperan sin tejido social que los sostenga. La gente puede tolerar discursos incendiarios, pero no puede vivir indefinidamente sin empleo, salud o educación.

El mensaje es claro: cualquier reforma económica, por audaz que sea, necesita equilibrio con la justicia social. Ese es el nuevo “contrato” que las democracias latinoamericanas están exigiendo.

Conclusión

La derrota de Milei en Buenos Aires no es solo un revés electoral. Es un recordatorio de que los pueblos, incluso en la desesperación, saben poner límites. La motosierra corta rápido, pero también puede quedarse sin filo cuando toca lo más sensible: la vida cotidiana de millones de personas.

Argentina vuelve a recordarle a la región que la gobernabilidad no se construye con discursos radicales, sino con consensos, instituciones y humanidad.

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