“La congruencia perdida”

Comparte

En política, como en la vida, la congruencia es un bien escaso. Y aunque muchos la proclaman, pocos la practican cuando el poder cambia de manos. Lo estamos viendo hoy, sin tapujos, en el partido que durante años enarboló la bandera de la transformación, la austeridad y el mandato del pueblo: Morena.

Uno de los casos más elocuentes es el de Gerardo Fernández Noroña, el diputado que durante décadas fue símbolo de la disidencia, del discurso contestatario y del eterno exilio de las cúpulas del poder. Su imagen, con el megáfono en la mano y la camiseta sudada de tanto gritar contra el sistema, representaba a esa izquierda combativa que no tenía lugar en los espacios del privilegio institucional.

Hoy, ese mismo Noroña despacha como figura central en la Cámara, con poder de decisión y voz autorizada dentro del bloque oficialista. El problema no es que haya accedido al poder, porque a eso aspira cualquier político. El problema es cómo lo está usando: con el mismo tono de superioridad y soberbia con el que antes criticaba a los poderosos. Lo que ayer era denuncia, hoy es justificación; lo que ayer era intolerable, hoy es estrategia política. El poder no lo transformó: lo reveló.

Otro caso que ha levantado cejas —y generado hashtags— es el de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda. Su administración ha sido objeto de críticas constantes por su manejo opaco de recursos, los cuestionamientos por contratos adjudicados de manera directa y una gestión cada vez más alejada de aquel discurso inicial de cercanía con el pueblo. Y mientras tanto, la sociedad baja californiana responde con creatividad: la protesta de la carne asada, un evento que mezcla convivencia y crítica, es la síntesis perfecta del humor político frente al desencanto.

Y no son casos aislados. ¿Qué decir de gobernadores como Cuitláhuac García en Veracruz, cuya relación con la prensa crítica y la oposición local se asemeja más a una vendetta personal que a una gestión democrática? ¿O del senador con licencia Félix Salgado Macedonio, cuya candidatura fue defendida con uñas y dientes a pesar de denuncias graves en su contra? ¿Dónde quedó la promesa de hacer política de manera distinta?

Morena nació como un movimiento que prometía romper con las viejas formas, con la corrupción, el clientelismo, la imposición, el cinismo. Y sí, logró conectar con millones de personas que estaban hastiadas de lo mismo de siempre. Pero hoy, desde el poder, sus representantes no están exentos de repetir exactamente eso: lo mismo de siempre.

Lo más preocupante no es que se hayan equivocado —todos los gobiernos lo hacen—, sino que muchos de sus cuadros más visibles han renunciado a la autocrítica, a la congruencia, al diálogo. Han convertido el poder en trinchera, el desacuerdo en traición y la crítica en enemistad.

La verdadera transformación, si alguna vez existió, no puede sobrevivir sin honestidad consigo misma. Porque no se trata solo de no robar, no mentir y no traicionar. También se trata de no olvidar de dónde se viene, y para quién se gobierna.

Y eso, lamentablemente, varios ya lo olvidaron.

Comparte