Por: Dafnys Guzmán | Bolivia.
En Los Testamentos, la secuela de El cuento de la criada, Margaret Atwood escribe algo que va más allá de la distopía: “El poder cambia de manos. Lo que no cambia es a quién le cuesta más llegar a él.” Bolivia acaba de producir, por primera vez en su historia constitucional, un hecho que merece ser leído con esa frase en mente: dos mujeres gobernadoras, en los dos extremos geográficos del país, en el mismo ciclo electoral. No es un dato menor. Es un síntoma — y los síntomas, bien leídos, dicen más que los diagnósticos.
I. El mapa: nueve departamentos, nueve historias distintas
Las elecciones subnacionales del 22 de marzo y el 19 de abril de 2026 produjeron el mapa político territorial más fragmentado de la historia democrática boliviana. Por primera vez dos mujeres resultaron elegidas gobernadoras. Ninguna fuerza política logró ganar en más de dos gobernaciones. El oficialismo obtuvo solo dos de las nueve.
El resultado final por departamento: Luis Revilla en La Paz (Alianza Patria), llegó sin segunda vuelta tras la retirada de su rival, lo que analistas señalan como una victoria de legitimidad cuestionable. Leonardo Loza en Cochabamba (A-UPP), exsenador evista, primera victoria clara del campo popular en esta elección. Juan Pablo Velasco en Santa Cruz (Alianza Libre), empresario tecnológico que dejó al actual gobernador Luis Fernando Camacho en tercer lugar con el 21.94%, una de las mayores sorpresas de la jornada. Luis Ayllón en Chuquisaca (Alianza Gente Nueva). Edgar Sánchez en Oruro (Alianza Jach’a). René Joaquino en Potosí (Alianza Social). Tito Egüez en Beni (Alianza Patria). Y las dos protagonistas históricas: Gabriela de Paiva Padilla en Pando y María René Soruco en Tarija.
Leer esta lista en frío es leer nombres. Leerla en caliente — con la crisis económica de fondo, con los bloqueos de mayo todavía frescos, con un gobierno nacional que obtuvo dos de nueve gobernaciones — es leer la fotografía más honesta del momento político boliviano: un país donde nadie tiene suficiente poder para gobernar solo y nadie tiene suficiente debilidad para rendirse. Nueve departamentos, nueve proyectos distintos, ningún eje común. La Bolivia profunda, fragmentada en nueve pedazos institucionales que ahora tendrán que negociar entre sí y con un Ejecutivo nacional que llegó a ese tablero con las manos casi vacías.
Pero dentro de ese mapa hay dos datos que no pueden leerse como cifras. Tienen que leerse como historia.
II. Las dos gobernadoras: historia sin fotografía de portada
Gabriela de Paiva Padilla se consolidó como la primera mujer que ocupará el cargo de gobernadora bajo la CPE vigente. Nació en Cobija en febrero de 1994 y tiene 32 años. Ganó en primera vuelta con el 46.93% — el porcentaje más alto de todos los candidatos a gobernación que se definieron en primera vuelta. Pando: el departamento más pequeño del país, amazónico, fronterizo con Brasil y Perú, históricamente marginal en el imaginario político nacional. Una mujer de 32 años. Primera vuelta. Sin balotaje.
En Tarija, María René Soruco, candidata de Camino al Cambio, ganó con el 70.7% — la candidata más votada de todos los comicios subnacionales de 2026. Debutante política en estas elecciones. Tarija: el departamento gasífero del sur, históricamente dominado por figuras masculinas de la derecha regional. Una debutante que arrasa con el 70.7% frente a candidatos con experiencia previa.
El artículo 11 numeral I de la CPE establece que la República de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria, con equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres. Este principio constitucional, desarrollado en materia electoral por la Ley N° 026 del Régimen Electoral que consagra la paridad y alternancia en las listas de candidaturas, no garantizó por sí solo estas victorias. De Paiva y Soruco llegaron donde llegaron no porque el sistema las invitó — sino a pesar de que el sistema no estaba diseñado para que llegaran. La distancia entre el mandato constitucional de equivalencia y los resultados electorales concretos es el termómetro más honesto del estado real de la democracia de género en Bolivia.
Robert Dahl diría que la democracia real se mide por su capacidad de responder a las preferencias de todos sus ciudadanos. Estas dos victorias son la respuesta de dos regiones periféricas del país a un sistema político que durante décadas las procesó como datos electorales, no como actores.
III. El oficialismo: dos de nueve y lo que eso significa
El Gobierno de Rodrigo Paz obtuvo solo dos gobernaciones de nueve y una alcaldía de nueve en las ciudades capitales. Desde la teoría de la gobernabilidad, esto tiene consecuencias directas sobre la capacidad de Paz para implementar su agenda. Sin presencia territorial en los departamentos económicamente estratégicos como Santa Cruz, Cochabamba y Tarija, el gobierno central pierde los interlocutores institucionales que necesita para coordinar políticas públicas. Los acuerdos deberán llegar porque alcaldes y gobernadores tampoco cuentan con mayorías para gobernar — lo que puede significar trabas en la aprobación de presupuestos, planificación de proyectos y disposición de normativas.
El evismo no desapareció. Leonardo Loza en Cochabamba es la señal más clara de que el campo popular se reorganizó y sobrevivió a la fragmentación institucional del MAS. Ignorar eso es un error analítico que el gobierno de Paz no puede permitirse.
IV. La legitimidad electoral en cuestión
No se puede analizar este mapa sin nombrar lo que ocurrió antes de las urnas. La elección estuvo signada por procesos de inhabilitación de candidaturas con una discrecionalidad cuestionada, incluyendo el caso de El Alto donde el ganador estuvo a punto de ser inhabilitado a menos de 48 horas de la elección, y el de Tarija donde se inhabilitó al candidato de la fuerza que obtuvo el segundo lugar sin aplicar el mismo criterio al candidato oficialista de La Paz que tampoco cumplía el requisito de residencia.
El artículo 14 numeral III de la CPE garantiza a todas las personas y colectividades, sin discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio de los derechos establecidos en la Constitución, las leyes y los tratados internacionales de derechos humanos. La aplicación selectiva de criterios de inhabilitación compromete ese principio de igualdad — y aunque el resultado electoral sea técnicamente válido, la legitimidad política de un proceso cuestionado en sus reglas de acceso es siempre una legitimidad disminuida.
El mapa multicolor que produjeron las elecciones subnacionales no es el problema. Es el diagnóstico. El problema es que Bolivia todavía no ha construido las instituciones capaces de gobernar un país multicolor sin necesitar que todos los colores sean el mismo.
