Dafnys Guzmán Borja | Politóloga boliviana
Cada año, el 8 de marzo el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que con frecuencia es interpretada erróneamente como una celebración. En realidad, su origen está profundamente ligado a procesos históricos, luchas sociales y transformaciones políticas que marcaron la ampliación de derechos para las mujeres en distintas partes del mundo.
Desde una perspectiva histórica y desde el análisis de la ciencia política, el 8M no puede entenderse únicamente como una efeméride simbólica. Es el resultado de procesos políticos, movilizaciones sociales y debates intelectuales que transformaron las estructuras institucionales de las sociedades contemporáneas.
Referentes históricos de mujeres en el poder
La historia política demuestra que, incluso en contextos profundamente patriarcales, las mujeres han ocupado espacios de poder y liderazgo.
Mucho antes de la consolidación de los Estados modernos, la reina celta Boudica, líder del pueblo de los icenos en Britania durante el siglo I, encabezó una rebelión contra el dominio del Imperio romano. Su figura se convirtió en símbolo de resistencia política y liderazgo femenino frente a una de las potencias más poderosas de la antigüedad.
Siglos después, la emperatriz Catalina la Grande gobernó Rusia en el siglo XVIII y convirtió al imperio en una potencia europea, impulsando reformas administrativas, culturales y territoriales. Su figura simboliza el ejercicio estratégico del poder femenino en una época dominada por monarquías masculinas.
En Asia, la emperatriz Cixi ejerció durante décadas el control político del Imperio Qing en China, navegando intrigas palaciegas y complejas tensiones internacionales en uno de los periodos más difíciles de la historia imperial china.
En Europa, Isabel I de Inglaterra consolidó el poder del Estado inglés en el siglo XVI y lideró uno de los periodos más influyentes de la historia británica. Su reinado es recordado por la estabilidad política, el desarrollo cultural y la afirmación del poder monárquico.
Estas mujeres gobernaron o lideraron en sistemas políticos que no estaban diseñados para ellas. Sin embargo, su presencia en la historia demuestra que el ejercicio del poder nunca ha sido una cuestión de género, sino de determinación, inteligencia estratégica y visión política.
El origen histórico del 8 de marzo
El surgimiento del 8 de marzo está estrechamente relacionado con el contexto del movimiento obrero de comienzos del siglo XX. Las condiciones laborales de miles de mujeres en la industria textil y manufacturera evidenciaban profundas desigualdades dentro del sistema económico emergente.
Uno de los acontecimientos más recordados fue el incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist ocurrido en 1911 en Nueva York, tragedia que provocó la muerte de más de un centenar de trabajadoras textiles. Este hecho generó indignación internacional y se convirtió en un símbolo de las luchas por derechos laborales dignos.
Años más tarde, las protestas de mujeres trabajadoras en el Imperio ruso que exigían “pan y paz” marcaron el inicio de un proceso político que desembocaría en la Revolución Rusa de 1917. Este episodio consolidó el 8 de marzo como una fecha de movilización internacional de mujeres.
Desde entonces, el 8M se convirtió en una jornada de memoria histórica y reivindicación social.
El pensamiento feminista y la reflexión crítica
El feminismo no solo ha sido un movimiento social; también ha generado marcos teóricos que permiten analizar las estructuras de poder dentro de las sociedades contemporáneas.
La escritora canadiense Margaret Atwood, autora de la novela El cuento de la criada, ha advertido en múltiples ocasiones que los derechos conquistados por las mujeres no son permanentes ni irreversibles. Su obra plantea una reflexión política sobre la fragilidad de las libertades cuando las instituciones democráticas se debilitan.
De forma similar, la escritora surcoreana Cho Nam-joo, autora de Kim Ji-young, nacida en 1982, examina cómo las estructuras sociales y culturales reproducen desigualdades de género incluso en sociedades que formalmente promueven la equidad.
Estas reflexiones evidencian que la desigualdad de género no es únicamente una cuestión individual, sino un fenómeno estructural que atraviesa instituciones políticas, sociales y económicas.
México y el aporte conceptual del feminismo latinoamericano
América Latina, y particularmente México, ha contribuido de manera significativa al desarrollo conceptual del feminismo contemporáneo.
Uno de los aportes más influyentes es el concepto de sororidad, difundido ampliamente por la antropóloga feminista mexicana Marcela Lagarde. Este concepto propone una ética política basada en la solidaridad entre mujeres frente a sistemas históricos de discriminación.
Otro concepto fundamental es el de feminicidio, desarrollado a partir de los estudios de la investigadora Diana Russell y posteriormente profundizado en América Latina por Marcela Lagarde en el análisis de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.
Gracias a estos debates teóricos y a la presión de los movimientos sociales, el feminicidio fue incorporado en los marcos jurídicos y códigos penales de varios países latinoamericanos.
Desde la perspectiva de la ciencia política, este proceso constituye un ejemplo claro de cómo los movimientos sociales pueden influir en la formulación de políticas públicas.
Mujeres bolivianas en la historia política
Bolivia también cuenta con figuras femeninas que han marcado momentos importantes en su historia política e intelectual.
Una de ellas es Lidia Gueiler Tejada, quien en 1979 se convirtió en la primera mujer presidenta de Bolivia. Su gobierno de transición representó un momento clave en el proceso de retorno del país a la institucionalidad democrática.
En el ámbito intelectual, la escritora Adela Zamudio fue una de las primeras voces en Bolivia que cuestionó las estructuras sociales que limitaban la participación de las mujeres en la educación, la cultura y la vida pública.
El significado contemporáneo del 8M
Desde el análisis de la ciencia política, el Día Internacional de la Mujer representa uno de los ejemplos más claros de cómo los movimientos sociales pueden generar transformaciones institucionales y culturales.
Las luchas feministas han contribuido a expandir derechos civiles, reformar marcos legales e introducir conceptos fundamentales dentro de las políticas públicas en América Latina.
Sin embargo, la equidad sigue siendo un proceso político en construcción.
Porque el 8 de marzo no es simplemente una fecha en el calendario. Es la memoria histórica de las mujeres que lucharon por abrir espacios y el recordatorio de que la construcción de sociedades más equitativas sigue siendo uno de los desafíos políticos centrales de nuestro tiempo.
“Como boliviana, politóloga y futura abogada, creo firmemente que el verdadero significado del Día Internacional de la Mujer no es solo recordar las luchas del pasado, sino asumir la responsabilidad de participar en la política, en la ley y en las instituciones. Porque la historia demuestra que cuando las mujeres entran en el poder, no solo cambian sus propias vidas: cambian el rumbo de las sociedades.”
