El sol marca la hora, las sombras se apoderan de las calles, y en su penumbra los casinos despiertan. Cual polillas, las personas salen de sus celdas laborales, atraídas por las luces neón y por las promesas de una realidad diferente. Hay algo profundamente seductor en lo prohibido. No es solo el dinero, ni siquiera la posibilidad de ganar. Es la sensación de retar al destino, donde el azar se convierte en una especie de dios caprichoso al que todos intentan agradar.
Dominó, lotería, baraja, pinball, entre otros tantos juegos de apariencia infantil e inofensiva, se esconde la seductora voz de lo prohibido. La sociedad mexicana, en sus procesos de socialización, está fuertemente vinculada con los juegos de azar. Desde la infancia se escuchan los primitivos llamados de lo desconocido: “Te apuesto esto a que no me ganas” “Si meto gol ¿qué me das?” “Te reto a unas carreritas”.
“Desde los ocho o nueve años, los tazos, las maquinitas, las máquinas de pinball, todo eso. Ya un poco más grande, en la preparatoria o en la secundaria, las cartas, la baraja, el poker”. Guillermo es un adulto joven que sufre de juego patológico, lleva en tratamiento psiquiátrico y psicológico por dos meses, esta es su segunda intervención para tratar su problema con el juego.
“Yo crecí con cinco hermanos, perdí a mi papá cuando tenía tres años, prácticamente crecí solo. Desde muy pequeño vi casi por mí, siempre me dicen que me quedé solo”. “Desde la infancia uno lo vive, por ejemplo, mi familia era muy problemática y crecimos con problemas de adicciones y alcoholismo. Peleas clandestinas de peleas de gallos, carreras de caballos, todo y todo eso; pues apostábamos desde pequeños en los gallos o hacíamos retos y todo eso”
Guillermo, como muchos otros mexicanos, creció en un entorno vulnerable, rodeado de vicios y tentaciones envueltas en el fino manto de la normalidad, dando como resultado, casi natural, una adicción severa al juego. Alcohol, cigarros, mujeres y drogas se convirtieron en sus fieles acompañantes en sus días de adicción.
El caso de Guillermo no es aislado, según datos de la ENCODAT 2025 (Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco), casi 4 millones de mexicanos de 12 a 65 años participaron en apuestas en el último año. De los cuales 249,239, son personas con ludopatía identificada.
El juego patológico, también referido como ludopatía, es un trastorno crónico y progresivo consistente en la falta de control en los impulsos y un deseo irreprimible de participar en juegos de apuesta. Roberto Tapia, maestro en Neurociencias y licenciado en psicología por la UNAM, encuentra una paradoja en el tratamiento del juego patológico en México: Estrictamente hablando, la ludopatía no es una adicción, ya que una adicción se refiere a la introducción de una sustancia psicoactiva, que va interactuar con un organismo vivo, y ahí va generar conductas de consumo y afectar su esfera social. El juego patológico es un trastorno de la conducta ligado a problemas en la conciencia, voluntad y percepción.
Guillermo, empezó como cualquier otra persona, invitado por su primo y por las promesas de diversión, acudió al casino. “la primera vez que fui a un casino le metí 400 varos y los convertí en 4 mil, la segunda 2 mil y salí con 8 mil”. Rápidamente se vió embelesado por el dinero, el alcohol y la euforia. Las conductas, como el dinero que gastaba, fueron escalando. De un gasto ocasional de 400 pesos, evolucionó a 10 mil o 15 mil pesos. “Al principio iba al casino con amigos o con mis primos, nunca quería ir solo. Cuando ganaba, ese dinero lo malgastaba en alcohol y ropa, mis relaciones empezaron a girar alrededor de lo que invitaba a mis acompañantes “
El juego patológico es un trastorno que inhabilita la capacidad de mirar más allá de uno mismo. “La primera vez administraba unas propiedades de mis hermanos, y de ahí sacaba, en una ocasión agarré 300 mil pesos y los perdí en una sola noche. Mis familiares me pedían cuentas y me querían anexar, mi hermana se ofreció a acompañarme en mi proceso psiquiátrico. En ese momento solo lo tomé como una vía de escape de la deuda, fui un rato a terapia y todo, no me quitó las ganas de ir, la verdad. Tenía mucha ansiedad, muchas ganas de seguir jugando. En ningún momento pensaba en dejar de ir al casino”, Guillermo terminó recayendo.
En México existen campañas nacionales contra el alcohol o el tabaco, sin embargo, no hay una sola campaña federal contra la ludopatía. El organismo encargado de administrar y regular los juegos de azar es la Dirección General de Juegos y Sorteos, perteneciente a la Secretaría de Gobernación. Este organismo opera bajo el marco legal de la Ley Federal de Juegos y Sorteos, una ley del siglo pasado, específicamente de 1947. Aún en el reglamento de dicha ley, no hay ninguna mención a ludopatía, adicción al juego o prevención o tratamiento de la misma. Lo más cercano son menciones indirectas, con prohibiciones a menores de edad y a personas en estado de ebriedad. En la realidad, los casinos operan bajo una simple premisa “hacer que el consumidor gaste más”.
Según el análisis de Marketing4eCommerce basado en el informe “Digital 2025”, el 70.7% de la población mexicana es usuaria activa de redes sociales, lo que significa que la publicidad de casinos tiene un alcance masivo y prácticamente sin restricciones. Estos anuncios son meticulosamente fabricados para evadir los controles de las plataformas y del gobierno. Mientras un anuncio de cigarros debe llevar una advertencia que cubre el 30% del espacio, un anuncio de casino en Facebook promete “ganar dinero fácil” sin una sola línea sobre riesgos. La publicidad no se distribuye al azar, según reportes de Affiverse Media, la publicidad se concentra entre las 6 y las 11 de la noche, justo cuando el trabajador precarizado llega a casa después de una jornada agotadora. Y se dirige principalmente a hombres de 25 a 35 años, el grupo con mayores índices de juego problemático según la ENCODAT.
Estas táctica predatorias también son puestas en práctica en los establecimientos físicos, “El casino se vuelve tu lugar seguro, te tratan bien. Al llegar te saludan “oye patrón/amigo”, es un lugar perfecto para los solitarios. Los trabajadores de ahí alimentan tu adicción, te tratan con familiaridad para alentarte a apostar más. Pero solo si traes dinero, una vez te sacan el dinero ya no les sirves”. Guillermo recuerda el acoso constante de los casinos en su proceso de romper con sus hábitos patológicos.
“Si dejas de asistir, la personas del casino te empiezan a buscar, te mandan mensajes, llamadas y correos para que vayas. Te hacen sentir culpable”. Con la digitalización de los casinos, todo lugar y momento se ha convertido en su patio de juegos.
“Cuando estaba más fuerte mi adicción conocí a un amigo, se llamaba Abraham, él era alcohólico, y tenía su familia y todo, ¿no? Y lo invité una vez, orale te voy a invitar al casino. No, es que a mí no me gusta eso. Le dije, tú no vas a pagar nada, yo te voy a invitar, le invité a una recarga y todo. Yo lo senté en una maquinita, no, tú échale y ya perdió, le dí 2000 pesos perdió. Échale más, yo iba ganando como 17000 pesos. Échale más. Y en eso que le gana como 40 mil, no le sacó un premio, ¿no? Y se queda así. Pues día y noche estaba en el teléfono el descargo la app y día y noche estaba en el teléfono de. Y pues perdió el trabajo, perdió el carro, perdió a su familia, perdió todo. Un día ya tomado me dice “es que tú me llevaste a la perdición”, y pues sí me hizo sentir mal, porque en el fondo sí tenía razón, ¿no?. Le dije, así como yo te llevé, así me llevaron y le digo, todos tenemos nuestros límites. Y ese chavo se clavó bastante Y fue como el de chale, sí le destruí su vida, o sea, sí lo eché a perder, tenía su familia, tenía todo”
Organizaciones como el Centro de Prevención en Adicciones Dr. Héctor Ayala Velázquez de la Facultad de Psicología de la UNAM, el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, son algunos de los lugares a los que las personas con indicios de juego patológico pueden acudir. Sin embargo, un problema solo se puede tratar si se identifica. La ludopatía no es una problemática invisibilizada porque ocurra en secreto. Es deliberadamente encubierta. Llevarla a la luz no requiere de aparatos mágicos, requiere de voluntad para nombrar lo que hasta ahora solo se sufre.
Guillermo, ¿Qué consejo le darías a alguien que está en una situación similar para poder dar ese paso de cambiar?
La verdad que cuando uno está en ese punto se le hace tan difícil o todo lo deja para la para mañana o una vez más. Y esa vez más nunca llega la verdad, te la prolongas. Es tan fácil, la verdad pedir ayuda a lo mejor luego la ayuda no está en la familia, pero en un ser querido en un amigo, en un pariente o en uno mismo, en este caso, como yo me acerqué, me ayudé a mí mismo, que no es tan difícil como uno piensa, ¿no? O luego la burla, por ejemplo, ese va al loquero, ¿no? En mi caso, al contrario, y hasta unos se siente bien y por el deseo de ayudar a otras personas. Yo le diría a todos mis amigos y conocidos que he perdido en el juego patológico y otras adicciones: No desperdicien sus vidas ni su tiempo, lo mismo que lo aprovechen con su familia y que se enfoquen en algo que de verdad valga la pena.
