Nepal: la primera revuelta de la Generación Z y el poder de las redes sociales

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Por Dafnys Guzmán B.| Bolivia.

En septiembre de 2025 Nepal vivió una de las jornadas más intensas de su historia democrática reciente. Miles de jóvenes salieron a las calles tras la decisión del gobierno de bloquear plataformas de redes sociales. La protesta, encabezada mayoritariamente por la Generación Z, no solo obligó a la renuncia del primer ministro, sino que también dejó en evidencia un país atravesado por la corrupción, la falta de legitimidad institucional y un clima de ingobernabilidad.

Una revuelta generacional

La particularidad de esta crisis es que, por primera vez, fueron los jóvenes quienes marcaron el rumbo. La llamada Generación Z, que apenas ingresa a la vida adulta, tomó el liderazgo de la protesta social. Lo hizo con sus propias herramientas: Internet y redes sociales.

En un país donde las oportunidades de empleo son escasas y la migración juvenil hacia otros destinos es casi una salida obligada, las plataformas digitales se convirtieron en el espacio donde la juventud nepalí expresó sus frustraciones, organizó las manifestaciones y desafió al poder.

Las redes sociales como nueva plaza pública

La censura oficial buscaba silenciar esa esfera pública virtual, pero consiguió el efecto contrario: multiplicó la indignación y aceleró la movilización. Instagram, X/Twitter y TikTok no fueron simples instrumentos, sino auténticos actores políticos. Para millones de jóvenes, “votar por una red social” o respaldar figuras nacidas en ese ecosistema se volvió un acto de legitimidad política frente a partidos desprestigiados.

Corrupción y clivajes sociales

Detrás de la chispa inmediata había un trasfondo más profundo: décadas de corrupción, nepotismo y un Estado incapaz de dar respuestas a una ciudadanía joven y precarizada. Los clivajes sociales se hicieron visibles: entre generaciones, entre zonas urbanas y rurales, y entre quienes migran y quienes no pueden hacerlo.

Lecturas desde la teoría política

El politólogo griego Nicos Poulantzas recordaba que el Estado no es neutral, sino un espacio donde se reproducen los intereses de clase. En Nepal, el aparato estatal mostró su incapacidad para integrar a los nuevos actores sociales.

Por su parte, Hannah Arendt señalaba que la política auténtica surge cuando las personas actúan juntas en un espacio público. Esa es precisamente la experiencia que los jóvenes nepalíes encontraron en las redes: un espacio colectivo de acción y palabra. El reto es que ese impulso no quede en un vacío de institucionalización y que la revuelta no se diluya en nuevas formas de dominación.

Una mirada desde América Latina

En América Latina también hemos visto protestas encabezadas por jóvenes: Chile en 2019, Colombia en 2021, Ecuador en 2022. Los paralelos son claros: redes sociales como motor de organización, rechazo a la corrupción y desconfianza hacia las élites políticas. La lección es que la movilización puede abrir ventanas democráticas, pero sin reformas estructurales los estallidos tienden a repetirse.

Conclusión

Nepal acaba de mostrarnos que la Generación Z ya no es un actor pasivo. Son jóvenes que, frente a la corrupción y la falta de futuro, deciden irrumpir en el escenario político a través de las redes sociales. Lo que está en juego no es solo la gobernabilidad, sino la legitimidad de un sistema que necesita reformarse para sobrevivir.

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